La causa profunda de la escisión del PNV: el fracaso del Estatuto como apuesta del PNV y como legitimador del Estado español en Euskadi
reproduce el texto del capítulo 7 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
7.7. Las favorables reacciones españolas ante los "nuevos" gestos de Ardanza y el Pacto de Legislatura con el PSOE.
Si Garaikoetxea era el obstáculo, es lógica que el primer paso consistía en apartarle. Pero siendo ello necesario era tan sólo el primer paso. Los siguientes consistían en substituirle por alguien dispuesto a hacer lo que Garaikoetxea no quería o no podía hacer. Y sujetarle mediante su ligadura a un pacto expreso. Así se hizo, como ya sabemos.
Ardanza pactó con el PSOE antes de ser votado formalmente lehendakari en el Parlamento Vasco (de ahí los viajes a Madrid reseñados en la cronología que incluimos en el apartado anterior).
¿Cómo acogieron los españoles a Ardanza y a su Pacto? La respuesta a esta pregunta es fundamental para entender el contexto de unos hechos que, como sabemos, van a desembocar en la escisión del PNV.
Cambio 16, en su reportaje ya citado titulado "Pacto histórico en el País Vasco" nos informa de que Txiki Benegas consideraba el acuerdo como "lo más positivo que ha sucedido en este país desde el pacto estatutario".
Fernando Onega, en su sección semanal de la Revista Tiempo titulada "España en un puño", escoge como titulo en el nº 141, semana del 21-27 de enero de 1985, el de "Diez días de sobresalto" y divide su crónica semanal en dos partes. La primera se titula "Ejército contra pacifistas y neutralistas". La segunda lleva el título harto significativo de "El PNV, entregado de pies y manos" y dice lo siguiente:
"A todo esto, si Moncloa no controla la política militar, sí va a controlar la política vasca.
El Pacto de legislatura con el PNV es el mayor corsé que el nacionalismo se ha dado a sí mismo en casi un siglo de existencia. Se entregan de pies y manos.
Han renunciado a lo más ardorosamente defendido, como la caja vasca de la Seguridad Social. Por lo menos, lo han aparcado. Y van a renunciar a las competencias en la lucha contra ETA.
Yo no sé si en los batzokis se aceptará tanta entrega. Pero Arzalluz, o quien sea, tiene que saber las consecuencias internas. Y yo supongo que no se envía a un partido de esa solera a hacerse el harakiri sin que haya una gran operación de Estado por medio. Esa operación de Estado pudo haber tenido sus orígenes en la entrevista de Arzalluz con el Rey, la pasada primavera. No es que el Rey se haya puesto a dirigir personalmente la cuestión vasca, pero, comprobado que Arzalluz vino a presentar excusas por la autoinvestidura de Garaikoetxea, mi tesis es que en ese momento se comenzó a andar por la soñada senda del Pacto de la Corona. Ahora, los enemigos de la fórmula, como Garaikoetxea, ya están fuera. Cumplir la Constitución, como prevé el pacto con el PSOE, es condición indispensable. Y quitar tensiones con el Estado, el requisito para que acepten los poderes fácticos" (153).
En el número siguiente de la misma revista (Tiempo nº 142, 28 enero a 3 de febrero de 1985), en la sección Claves de 7 días: España, Manuel Soriano incluye un recuadro titulado "Pacto histórico", ilustrado con una foto de Ardanza y Felipe Gonzalez con el pie "Ardanza pactó con Felipe" y este texto:
"En vísperas de ser investido presidente del Gobierno autónomo vasco, José Antonio Ardanza alcanzó un acuerdo de colaboración hasta 1988, con Txiqui Benegas, secretario general de Partido Socialista de Euskadi.
Se trata de un pacto histórico. No existe un precedente de colaboración similar entre socialistas y nacionalistas. Hasta hace días las posturas eran irreconciliables. La inspiración del pacto y las presiones para conseguirlo hay que buscarlas fuera de Euskadi y más allá de sus protagonistas. El País Vasco es una zona estratégica fundamental para una España en el Mercado Común y en la OTAN. Las embajadas en Madrid seguían con enorme preocupación el proceso de desestabilización que sufría Euskadi. Había que conseguir que allí se gobernara" (154).
Y a la semana siguiente Fernando Onega en su sección España en un puño afirma que
"La cara opuesta a la preocupación la puso esta semana el País Vasco… Ardanza asombrada a propios y extraños. Este nacionalista radical no vaciló en considerarse "representante del Estado, proclamó "lealtad a la Corona y se comprometió a "respetar la Constitución". Sus relaciones con Madrid son cada día mejores".
El gozo de los españoles ante los nuevos gestos de Ardanza es notorio. En el nº 1 de Cuadernos de Alzate Luis R. Aizpeolea publica una nota titulada "El cese de Garaikoetxea". Escrita antes de la firma del Pacto, llega a tiempo de constatar:
"Los gestos de realismo político mostrados por Ardanza en sus primeros pasos previos a su investidura –acatamiento constitucional, oferta de diálogo constante con la Moncloa, no intervención de las instituciones vascas en materia internacional, incluida la temática de ETA, etc – son ya suficientemente conocidos como para volver a insistir en ellos" (155).
Está más que claro que la buena acogida del Gobierno Ardanza por el Gobierno español, la prensa española, los partidos españoles, etc, etc, se debe a los síntomas que en aquel han advertido respecto de su decisión de lograr que el Estatuto sirva como legitimador del Estado español en Euskadi Sur.
El más influyente de los comentaristas políticos de la prensa vasco-españolista, el que firma con el pseudónimo de Vicente Copa en El Correo Español-El Pueblo Vasco, ha escrito el 20 de enero:
"Lo substancial es destacar cómo a partir del pacto, el Gobierno vasco asume la obligación de llevar la Constitución española de 1978 al lugar que se merece. El marco jurídico y político del País Vasco es el que delimitan las leyes, la Constitución y el Estatuto".
Cómo señalamos en el apartado 5 de este capítulo una parte del PNV ha decidido añadir a su práctica "españolista" (desenvolverse en el mercado y en la estructura política del Estado-nación España) una serie de gestos y una retórica también "españolistas".
La reacción de los españoles es lógicamente entusiasta. Quizás demasiado precipitadamente entusiasta. Pero ¿cómo es la reacción de los vascos independentistas? ¿Cómo es la reacción de los vascos que encarnan la herencia sabiniana que constituye el nódulo doctrinal y emotivo del propio PNV si por PNV se entiende no sus cúpulas dirigentes sino sus bases y sus masas? Vamos a verlo en el siguiente apartado con algún detalle. Porque esa reacción va a tener inevitables consecuencias en el seno del PNV. En la medida en que esa reacción conecta con el componente esencial del capital simbólico nacionalista vasco compartido por las bases del PNV, en esa misma medida va a remover el interior del PNV y "tirar" de una parte hasta la misma escisión.
7.8. Las reacciones de HB ante los "nuevos" gestos de Ardanza y el Pacto de Legislatura con el PSOE.
Los independentistas del PNV tardaron seis años (de 1915 a 1921) en forzar la escisión cuando en 1915 el giro "españolista" de las cúpulas dirigentes –en manos de la burguesía nacionalista –se muestra en el gesto de la expulsión del hermano del fundador, en la expulsión de Luis de Arana y Goiri. Esta vez, sin embargo, han transcurrido menos de dos años entre el gesto (cese de Garaikoetxea) que evidencia el giro "españolista" de las cúpulas y la escisión. ¿Por qué esa aceleración?
Pues por algo que hemos subrayado ya antes. Porque la aparición bajo el franquismo de un nuevo nacionalismo vasco, de izquierda y de masas, ha colocado el polo del independentismo radical fuera del PNV. Y ello significa que las veleidades "españolistas" de las cúpulas del PNV han perdido la ventaja que suponen el que la reacción independentista, la reacción "sabiniana" necesita tiempo para que su acción, necesariamente cautelosa, de denuncia en el interior del partido cuaje. Ahora las bases y las masas del PNV reciben casi inmediatamente de una desviación españolista de sus cúpulas el mensaje de denuncia de la misma. Mensaje de denuncia pivotado en la acción política, también de masas, de los independentistas que están fuera del PNV, inalcanzables por las amenazas del aparato para silenciarles. Mensaje además multiplicado por los medios de comunicación de masas de la época presente. Los miembros de fracción Garaikoetxea pueden así "nadar y guardar la ropa", pueden permanecer formalmente disciplinados y respetuosos con la dirección del PNV porque la denuncia pública y masiva de la "desviación" de esa dirección ya la hacen otros: los independentistas de fuera del PNV.
Esa es la razón de que sea necesario repasar cual es la reacción de HB antes los "nuevos" gestos de Ardanza y el Pacto de Legislatura con el PSOE.
El mismo 30 de diciembre de 1984 publica en Egin un artículo titulado "¿Ruptura del PNV?" Iñaki Aldekoa el miembro de la Mesa Nacional de HB que en junio del 86 se convertirá en el primer diputado abertzale que Navarra elige para el Parlamento español en el postfranquismo. Aldekoa afirma que "la crisis estratégica y de identidad en el PNV es de tal calibre que nada se puede descartar". Y añade:
"Por de pronto, la imagen de vergonzante sometimiento que han dado Sudupe, Ardanza, Unzueta e Ibarzabal apresurándose a postrarse ante Felipe Gonzalez, para obtener sus bendiciones, antes incluso de que el cambio en la presidencia se haya producido, es un claro indicio de debilidad y desorientación.
La debilidad es mala compañera a la hora de los pactos y mucho más si éstos se están tratando de hacer con el "enemigo ancestral". Y el enemigo ancestral a través de su portavoz, el Gobierno del PSOE, ya sabemos lo que exige a cambio de apoyo parlamentario, transferencias y demás baratijas políticas: el pacto estratégico anti-ETA.
Si estos dos graves hechos, la expulsión, inhabilitación o salida de facto de Garaikoetxea del PNV, y el acuerdo estratégico PNV-PSOE contra ETA, se dieran, no me cabe ninguna duda de que estaríamos en vísperas no sólo de la ruptura del histórico EAJ-PNV, sino también de una gravísima situación política para toda Euskal Herria (156).
Nótese que la durísima crítica a los gestos de Ardanza se acompaña de la predicción de la escisión del PNV.
Ya en septiembre de 1983 Punto y Hora, al dedicar su "tema de portada" del nº 319 a la llamada "guerra de las banderas", había finalizado el reportaje diciendo:
"Si el bloque de clases dominante español obliga a esas cúpulas (del PNV) a desembarazarse de esa retórica incluso como retórica (por ejemplo obligándoles a poner la bandera española en Ajuria Enea) está por ver si las bases le siguen. Veremos".
El 27 de enero de 1985 otro miembro de la Mesa Nacional del HB, Tasio Ezkizia, publica en Egin un artículo titulado: "Ardanza, lehendakari español en Vascongadas", en el que se critica virulentamente la política de "nuevos" gestos de Ardanza, que tan felices hace a los españoles. Dice Ezkizia.
"Por primera vez en la historia, un presidente del tercio autonómico de las Vascongadas hace expresa aceptación de su "vasallaje" respetuoso a la monarquía española. Reconoce su dependencia y espera, como buen súbdito, a que un Rey "extraño" y extranjero para los vascos refrende su elección.
Los símbolos no tiene más significado que lo que les dé el pueblo. Y por lo tanto, símbolos que en determinadas circunstancias y pueblos no tienen excesiva importancia, en otras coyunturas convierte en principio innegociable y signo de la dignidad de un pueblo. Y este es precisamente el caso de la ikurriña para los abertzales vascos. Exigir conquistar el derecho a que ondee exclusivamente la ikurriña en cualquiera de nuestros ayuntamientos o en Ajuria-Enea, no es un hecho insignificante. Y por lo tanto, ceder a que se nos "imponga" la bandera española en Ajuria-Enea, es sencillamente una vejación y claudicación para miles de vascos, muchos de los cuales, precisamente, le han votado a usted" (157).
Y al día siguiente de la firma del pacto de Legislatura, la firma solemne por el Presidente del Gobierno vasco y por Benegas, y cinco días después de la jura de su cargo por Ardanza, publica en Egin un articulo Iñigo Iruin, parlamentario de HB y miembro de ese puñado de abogados de HB que constituyen una de las armas más eficaces de la acción de Herri Batasuna. El artículo toca las fibras más sensibles de los sentimientos de las bases del PNV respecto de cuestiones de Derecho Político y Constitucional y de Historia de Euskadi que forman parte del acervo común de la doctrina nacionalista y del capital simbólico del nacionalismo vasco trasmitido de padres a hijos. Se titula "PNV: del acatamiento al cumplimiento". Y lo reproducimos íntegro porque constituye todo él un torpedo a la línea de flotación de la credibilidad nacionalista de las cúpulas del PNV:
"Si alguna unanimidad ha existido a la hora de valorar el pacto de legislatura alcanzado entre PNV y PSOE, ha sido la de entender que se trataba de una declaración en la que no sólo las palabras, sino las frases y sus puntuaciones, y hasta los giros gramaticales, están cuidadosamente estudiados, conscientes ambas partes de lo que expresaban y de lo que omitían, de lo que querían manifestar y de lo que deseaban ocultar.
Por ello, no debe pasar inadvertido que en el apartado uno del pacto se acuerde la "voluntad de cumplir la Constitución, el Estatuto de Autonomía y demás leyes vigentes, así como las sentencias de los Tribunales", pues el empleo del término cumplir no es algo fútil o insignificante.
En los pasados años y en las diversas circunstancias políticas en las que se obligaba al PNV a un pronunciamiento sobre el tema, los dirigentes y cargos públicos de este partido utilizaban la fórmula de "acatar la Constitución y leyes vigentes". Todavía hoy en los actos formales de juramentos y tomas de posesión, la declaración es de acatamiento. Pero en el pacto firmado ayer, que va a tener consecuencias prácticas y que supera la mera ritualidad y oficiosidad, la afirmaciones de cumplimiento.
Y ambos términos, cumplir y acatar, son distintos, no funcionan como expresiones más o menos sinónimas, sino que tienen clara diferenciación semántica. Acatar es mostrar respeto consideración a algo, tener miramiento o deferencia hacia ello; no conlleva necesariamente la acción e implicación en su realización. Cumplir es ejecutar, llevar a efecto, hacer aquello que se está obligado, consumar; es una actitud de guardar y dar satisfacción al mandato de la norma.
No es ajeno a toda esta disquisición que los Códigos legales exijan no el mero acatamiento, sino el cumplimiento de las leyes sin excusar de ello su ignorancia, o que todas ellas se publiquen y sancionen con aquello de "mando a todos… que guarden y hagan guardar…".
El pueblo vasco en otro tiempo supo diferenciar ambos significados encontrando en ello la necesidad de crear como institución complementaria al acto formal del Juramento de los Fueros vascos por el Rey, el instrumento denominado Pase Foral.
Sabían que el Juramento del respeto a los Fueros y libertades de nuestro pueblo no impedía que en el ejercicio de su poder la autoridad real dictara cédulas, decretos, órdenes o cualesquiera disposiciones que, opuestas a los Fueros, vulneraran de cualquier manera la legalidad vasca. Por ello, en estos casos, las Juntas o Cortes y las Diputaciones, según la gravedad del caso, negaban el Pase a dichas leyes, empleando para ello la conocida fórmula de cortesía "se obedece, pero no se cumple", y es que lo importante era y es el cumplimiento, no el juramento de respeto o acatamiento.
En el pasado reciente habíamos oído en más de una ocasión aquella fórmula en boca de los dirigentes del PNV, en los Aberri Egunas y Alderdi Egunas, en, referencia a Loapas, guerra de secretarios, banderas, etcétera. Era un último baluarte, la última trinchera con rasgos desafiantes que empleaban para mostrar su moderado desacuerdo ante normas del poder central que atentaban contra elementales derechos colectivos y que no eran siquiera tolerables desde un proyecto de regionalismo autonomista " (158).
Esas tomas de posición por parte de dirigentes individuales de HB culminan con una declaración de la Mesa Nacional de Herri Batasuna que su Oficina de Prensa distribuye en Bilbao el 4 de febrero de 1985. Y que, reproducida (en euskara y en castellano) en una doble holandesa, se imprime y se reparte por docenas de miles de ejemplares con la técnica de las campañas electorales (buzonado a mano, siembra callejera, etc, etc). La hoja lleva como título "HB informa al pueblo sobre el pacto PSOE-PNV" y entre sus ilustraciones gráficas figura, junto a varias fotografías de Ardanza con Felipe González y Benegas, una caricatura de fuerte mensaje en la que Felipe y Benegas abrazan y estrechan la mano a un Ardanza con los pantalones caídos que muestra unos calzoncillos con pintas negras. El comunicado hace memoria de la "histórica debilidad de la dirección del PNV en los momentos decisivos de la lucha" del pueblo vasco por su liberación en los últimos 50 años. Para preguntarse después:
"¿Qué inconfesables intereses han llevado al PNV a realizar un pacto con el PSOE a estas alturas del proceso".
El núcleo duro del comunicado se centra en el rechazo a la Constitución española y al Estatuto. Dice así:
"La dirección del PNV, consciente del significado del ascenso imparable de la conciencia nacional vasca, asumió para la historia, la responsabilidad de intentar embarcar al pueblo vasco en la Constitución Española que Euskadi mayoritariamente rechazó. Querían canalizar las aspiraciones más ampliamente sentidas por los raíles de un camino que en modo alguno iba a posibilitar la consecución de la soberanía popular. Así gestaron esa criatura deforme que a bombo y platillo decían iba a garantizar los derechos de Euskadi.
"Con una palabra levantaremos Euskadi", rezaba la propaganda del PNV. El Estatuto no era, como el transcurso del tiempo se ha encargado en demostrar, más que una nueva claudicación del PNV ante el poder oligárquico español ¿De qué manera si no entender la situación que vive nuestro pueblo? ¿Cómo puede defender el PNV una política de pactos y maniobras con quien históricamente ha sido parte interesada en negarle a Euskadi sus legítimos derechos? La base honrada del PNV, con el conjunto de la comunidad abertzales, se siente dolorida por esta nueva traición. El pacto que los Unzueta, Benegas, Ardanza, Múgica, acaban de sellar, constituye otra agresión directa contra el pueblo trabajador. La gran banca, las multinacionales y los tecnócratas del poder español han puesto de rodillas a un PNV resquebrajado por la contradicción que supone su eterna ambigüedad.
HERRI BATASUNA tiene la seguridad de que la debilidad manifiesta de los dirigentes del PNV fortalecerá la firme voluntad popular de Euskadi por conseguir sus legítimos derechos.
Mientras la bandera rojigualda ondea en Gasteiz, HERRI BATASUNA levanta sin vacilar la ikurriña, que simboliza el heroico sacrificio de los gudaris de ayer y de hoy, como enseña victoriosa del pueblo trabajador vasco. Ha luchado y ha sufrido demasiado este pueblo nuestro para callar esta nueva tradición" (159).
NOTAS AL SUBCAPITULO 7. 7º
(153) Fernando Onega: "Diez días de sobresalto", en TIEMPO n º 141, 21 de enero de 1985, página 7 y 8.
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(154) Manuel Soriano: "Pacto histórico", en TIEMPO n º 142, 28 de enero de 1985, página 17.
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(155) Luis R. Aizpeolea: "El cese de Garaikoetxea", en CUADERNO DE ALZATE, n º 1, Invierno 1984-1985, página 104.
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NOTAS AL SUBCAPITULO 7. 8º
(156) Iñaki Aldekoa: "¿Ruptura del PNV?", en EGIN, 30 DE DICIEMBRE DE 1984, página 4.
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(157) Tasio Erkizia: "Ardanza, lehendakari español en Vascongadas", en EGIN del 27 de enero de 1985.
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(158) Iñigo Iruin: "PNV: del acatamiento al cumplimiento", en EGIN del 31 de enero de 1985.
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(159) Mesa Nacional de HB: HB informa al pueblo sobre el pacto PSOE-PNV, declaración del 4 de febrero de 1985.
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